Si la aparición de Las Pirañas supuso una verdadera conmoción en el discurso literario de Ostiz, un corte brutal no sólo en la temática, sino en el tono (descarnado, más desilusionado y escéptico que nunca) y hasta en la sintaxis (esas páginas enteras sin un solo punto, ese resuello entrecortado, ese eco de sala de máquinas), el tono vital comenzó a enderezarse (hacia el humor, aunque fuere negro) en su impagable Un Infierno En El Jardín (que tenía, aunque inopinado y hasta inverosímil, un "happy end") y alcanza de nuevo alturas pretéritas en este "No existe tal lugar" donde el autor vuelve a buscar el ambiente del que fue su primera obra, "Los Papeles Del Ilusionista" y donde hasta el tono narrativo nos recuerda mucho al de sus primeros tiempos, con algunas irrupciones coloquiales que bien podrían proceder de Las Pirañas o al menos de Un Infierno En El Jardín.