"El libro de Caín" es el diario de Joe Necchi, un drogadicto que, como el mismo Trocchi, ha abandonado Glasgow, su ciudad natal, y luego París, para recalar en Nueva York, donde vive en una barcaza en el río Hudson. El mundo de Joe es el de los marginales, un mundo de dosis furtivas inyectadas en los sórdidos picaderos de Harlem y persecuciones policiales en desiertas estaciones de metro. Pero esta espléndida novela autobiográfica es mucho más que una cruel crónica de la escena de la droga observada desde dentro. Porque Joe, para quien la heroína es un instrumento libremente elegido, es un personaje camusiano, un merodeador, un extranjero, un Caín que no reconoce más leyes que las que él mismo dicta, aunque le conduzcan a la terrible soledad de la libertad y la rebeldía ejercitadas sin respiro. Cuando esta provocativa y escandalosa obra maestra fue publicada por primera vez en 1960 en los Estados Unidos, Norman Mailer escribió que había en el libro verdad, arte y un valor a toda prueba, y que no le sorprendería que veinte años después aún se hablara de él. En Gran Bretaña fue prohibido y los ejemplares que había en las librerías confiscados y quemados en un auténtico auto de fe. Hoy, casi cuarenta años después, y sin haber sido nunca olvidado, porque "El libro de Caín" ha circulado siempre secreta, subterráneamente como un libro de culto, vuelve a deslumbrar a las nuevas generaciones, y escritores tan innovadores como Irvine Welsh o Alan Warner reconocen su deuda fundamental con Trocchi.